lunes, 19 de septiembre de 2011

Ágape con los cerebritos españoles en Harvard

Mi segunda entrada en Nueva York no va a ser tan espectacular como la primera. Hace once años, después de un viaje de costa a costa desde California, llegué a bordo del ferry de Staten Island, justo en el momento en que los rascacielos, incluidas las Torres Gemelas, encendían las luces del ahora mutilado "skyline" de Manhattan. En el momento de comenzar este post, en cambio, viajo desde Boston en un autobús de una compañía china, en el que buena parte de los pasajeros son (o parecen) chinos y que me dejará en Chinatown. Podía haber cogido otro más tarde, pero estoy ya cansado y, qué diablos, la aventura es la aventura.

Puede que estéis un poco perdidos con mi errático recorrido, que he ido corrigiendo sobre la march. El jueves día 8 aterricé en Boston; al día siguiente fui a pasar el fin de semana a Cape Cod, en la costa de Massachusetts, hasta el domingo; regresé a Boston y me dediqué a explorar la ciudad hasta el pasado viernes, incluyendo una escapada a la cercana Concord; hasta hoy he estado en Newport, en la costa de Rhode Island, y hoy he tenido que volver a Boston a coger un autobús a Nueva York, porque el coche de alquiler que había cogido me salía mucho más caro si lo dejaba en una ciudad distinta, como era mi intención inicial.

Una vez situados, no quiero cerrar el capítulo bostoniano sin hablaros de mi descubrimiento de toda una colonia de talentos españoles en Boston. Mi amiga Tania, que se incluye entre estos portentos, me invito al inicio del curso en el Real Colegio Complutense, una especie de embajada de esta universidad en Harvard que el Rey inauguro en 1993 pero que apenas se conoce en nuestro país. Está situado en una casa que pasa inadvertida en el entorno de Harvard y, de hecho, dudé al llegar si aquello era un centro universitario o una casa particular.


Me incorporé al acto en el momento que un guitarrista local comenzaba a rasgar las cuerdas con un repertorio consistente en piezas de Albéniz y otros compositores españoles. Quitando el niño que incordiaba en mitad del concierto ante la pasividad de la madre, fue una experiencia deliciosa, a la par que inesperada.

Pero lo mas interesante vino luego, cuando, durante un frugal ágape, pude charlar con algunos de los jóvenes que disfrutan de las apenas conocidas becas que concede Harvard y paga la Complutense. A Laura, que ha llegado con un proyecto sobre el comportamiento de unas membranas y lípidos que no pude entender muy bien, se le iluminaba la cara hablando de los medios de que dispone ahora, nada que ver con lo que tenia que apañarse en España. Algo parecido le sucede a María, una arquitecta becada para estudiar la obra de Josep Lluis Sert, un catalán exiliado en Estados Unidos tras la Guerra Civil y que llego a ser decano en Harvard. Otro arquitecto, Jose Luis, enseña a los alumnos de Harvard como aprovechar al máximo las nuevas tecnologías en el diseño de edificios. El director del centro, Angel, que esta a punto de dejar el cargo después de diez años, se emociona al hablar de las 90 personas que cada curso pasan por allí, aunque se lamenta de que no se le presta atención que merecería.

Unas horas antes tuve el privilegio de recorrer Harvard de la mano de su profesora Tania, que parece que lleva toda la vida entre estos edificios de ladrillo rojo que supuran historia y unos jardines donde no debe de apetecer nada volver a clase. Sin embargo, llego hace solo un mes para enseñar español a nivel avanzado a través del cine de Buñuel, Berlanga y otros autores patrios, una originalidad más en un sistema de trabajo muy exigente tanto con alumnos como con profesores y en el que la tarea docente se prepara en equipo. Tania no es que vaya a llegar lejos; ya ha llegado lejos. Ahora se dedica a exprimir esta oportunidad al máximo.


Mientras escribo esto, veo con horror el monumental atasco que se ha formado en la autopista, creo que ya en el estado de Connecticut. Me temo que llegaré de madrugada, cuando en España ya despunte el día. Si consigo conectarme a internet al instalarme en Nueva York y no me caigo del sueño, os lo serviré de desayuno.



Horas más tarde


No conseguí conectarme y estaba reventado. Así que publico ahora el post. Queda pendiente todavía que os cuente mis andazas por Newport. ¡Se me acumula el trabajo!







4 comentarios:

  1. Que maravilla!!! Leyéndote me parecía estar con vosotros participando del acto; Porque lo del autobús, ya no me apetecía tanto...jeje ;) Continúa con tu aventura, sigue disfrutando y, por favor, no dejes de escribir!!! Bsito,

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  2. Muchas gracias, Lichi, eres mi lectora incondicional! Un besazo

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  3. Vaaale, voy a escribirte un comentario para que sepas que yo también soy una lectora incondicional y además que me muero de la envidia! Un besito

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  4. Así me gusta, que os piquéis, jeje! Muchas gracias, Judith! Por cierto, me están quedando un poco largos los posts, no? A ver si resumo un poco mas.

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