Menudo susto. El agente local que me ha pedido los papeles me espetó el clásico "stay in the car", mientras se volvía a su coche para comprobar si era un turista despistado o un terrorista peligroso. Por fortuna, me ha tomado por lo primero y me ha dejado continuar mi viaje hacia el sur, aunque no sin antes avisarme de que no vuelva a saltarme un "stop". Por cierto, no sé para qué carajo me he sacado el carné internacional de conducir, porque, según me ha dicho, eso no vale en Virginia.
Este pequeño contratiempo ha sido mi bienvenida a este estado, el primero genuinamente sureño de mi ruta y al que llego tras una breve parada en Washington. No pensaba hacer escala en la capital del país, pero hay que reconocer que la zona de los "memorials" es impresionante. Eso sí, me he cogido un buen berrinche por perderme una foto fantástica: en el peor momento se ha agotado la batería de la cámara y me he quedado sin la imagen inédita de un operario encaramado en la punta del gigantesco obelisco dedicado a Washington, que están reparando por los daños del terremoto de hace un mes.
Las etapas del viaje se estan comprimiendo tanto y se suceden tan rapido que me parecen ya pequeñas vidas que voy dejando atrás. La semana pasada me parece que ocurrió hace por lo menos un mes y no sé si sabré comprimir todas esas experiencias entre las paredes de este blog.
Anoche, sin ir más lejos, estuve un buen rato sentado con unas cervezas en el porche del State House Inn, un histórico bed & breakfast de Annapolis (la capital de Maryland), entretenido en una charla con el encargado del restaurante que por sí sola ya merecía la pena la visita. José es un guatemalteco que dejó su casa a los ocho años y al que, tras vivir en su país una guerra en la que se mataba por nada, le entra la risa cuando dicen que hay crisis en Estados Unidos. Empezó en el local como camarero y ahora lleva las riendas aplicando a la perfección su filosofía de hacer sentir a gusto al cliente (las bebidas corrieron por cuenta de la casa, claro).
Solo un rato antes, tuve nuevo capitulo de "Españoles por el mundo", en este caso con casualidad extra. En una terraza junto al puerto náutico, saludé a un grupo cuyo origen patrio delataba su conversación sobre fútbol y resulta que uno de ellos trabaja para El Periódico de Cataluña y justo acababa de estar con Emili, el corresponsal de ABC en Washington. Como para venir aquí de incógnito...
El día anterior, en el espectáculo de los delfines del fantastico acuario de Baltimore, me senté sin saberlo al lado de Ángel, Laura y su tropa de cuatro críos con los que se han trasladado de Madrid a Washington. Una maravilla encontrarse paisanos como ellos, que incluso me ofrecieron su casa en la capital si me hacia falta.
Baltimore es una ciudad mucho más acogedora y llena de vida de lo que esperaba. Al poco de llegar, ya estaba brindando con un grupo de oriundos que me intentó emborrachar en un bar irlandés muy cerca del "inner harbor" (puerto interior). Sábado noche al margen, Baltimore esta cargada de historia -la letra del himno de Estados Unidos tiene aquí su origen- y tiene barrios muy agradables para darse una vuelta.
Precisamente, deambulando por las calles del bohemio Mont Vernon, donde se celebraba una animada feria de libros, de pronto vi una bandera española sobre la mesa de una carpa. Junto a ella descubrí a Ángel, un salmantino que en Estados Unidos se hace llamar Angelo para no tener que dar demasiadas explicaciones de un nombre que aquí es solo de mujer. Vendía ejemplares de "El camino", no la novela de Delibes ni tampoco la obra de Escrivá de Balaguer, sino un libro que escribió él mismo tras recorrer la ruta jacobea y que inicialmente publicó en ingles. Allí cuenta su particular itinerario vital desde el mundo de la droga a su actual labor social entre la comunidad latina. Aunque con lo que se gana la vida es con los seguros.
Por entre los puestos de libros curioseaban también Laura y su hermana Cristina, dos italianas que, como yo, recorrían la costa este, y a las que fue un placer inesperado conocer. Como dice Ángel, "no es el destino lo que importa, sino las experiencias del camino". Por hoy solo he podido contado éstas. Mañana me esperan otras nuevas.

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