martes, 20 de septiembre de 2011

Ricachones en Newport e "indignados" en Wall Street

El audioguía describe a Cornelius Vanderbilt como "modesto y poco pretencioso". Menos mal. Este magnate de los ferrocarriles era el propietario de " The Breakers", la mansión mas suntuosa de Newport, el lugar de veraneo de las grandes fortunas neoyorquinas de finales del siglo XIX y principios del XX, donde la palabra lujo se queda ridícula. Queriendo imitar los grandes palacios franceses e italianos, los ricachones coparon este rincón de Rhode Island de auténticos homenajes a la desmesura. Una mansión construida en mármol, otra con 20 baños, habitaciones forradas en oro, otra con planchas de platino como adorno, pinturas trasplantadas de un palacio veneciano, una chimenea arrancada a otro de Francia... Aquella se llamó la "era dorada" de Estados Unidos, en la que los millonarios no pagaban impuestos y se convirtieron en una moderna aristocracia con un poder casi ilimitado.


Newport sigue siendo hoy un sitio de descanso exiquito, hecho para gozar de la buena vida. Para no ser menos que nadie, me di el gustazo de coger una habitación en un "bed&breakfast" a más de 300$ la noche, casi lo que me salía una semana entera en el "hostel" de Boston. La zona es uno de los mayores enclaves náuticos de Nueva Inglaterra y tuve la suerte de comprobarlo al coincidir esos días con el 41 International Boat Show, la principal feria de barcos a motor y veleros del noreste del país, un paraíso para los aficionados al mar. Se vendía también, por supuesto, todo tipo de accesorios para la navegación y en uno de los puestos me llamo la atención que exponían polos de la Copa del Rey de la marca Gaastra. Me puse a hablar con las simpáticas holandesas que lo atendían, me compré de estupendos polos de Newport por 89$ y, de paso, quede con ellas para tomar algo por la noche.


No fueron las únicas chicas que conocí en Newport. Mientras hacia fotos de un atardecer espectacular, entablé conversación con una chica de Maryland que se iba a casar en una semana. Se empeño en invitarme a una cerveza y presentarme a su prometida, una guatemalteca que aperaba junto a una chimenea en un jardín. La boda se celebrara en Boston, porque en Massachusetts están autorizados los matrimonios homosexuales, y el convite en Newport. Por lo visto, este tipo de enlaces están siendo un "boom" en Estados Unidos. Hace unos días también conocí a una francesa que iba a asistir a una boda entre mujeres en Washington.De Rhode Island vine a Nueva York, donde, aunque pueda resultar paradójico con todo lo que ofrece ciudad vibrante, me lo estoy tomando con calma. Como sé que no puedo ver todo, me dedico sobre todo a pasear por sus calles, que es el mayor placer. Me acerqué, claro, a la zona cero, por donde es imposible pasar sin que se te humedezcan los ojos y se te punce la garganta. Diez años después del 11-S, aun siguen día y noche los trabajos para reconstruir la zona. Fue una pena que no pudiera visitar el "memorial" recién estrenado, para el que ya no había entradas hasta diciembre, salvo que fuera a chupar mañana una cola de vértigo.


Cerca de allí, vi una escena que me era familiar. Jóvenes bailando al son de étnicos, sacos de dormir y carteles contra el capitalismo, los bancos y políticos. Los "indignados", bajo la atenta mirada policial, han llegado a Wall Street.


Para cerrar el día, disfrute de una agradabilísima cena en un italiano de Greenwich Village con María, la actual corresponsal de ABC en Nueva York, que venia de estar con Bibiana Aido en Naciones Unidas. Acabamos en un garito donde grupos de blues rivalizaban por sacar los sonidos mas inverosímiles a las guitarras ante los cuatro gatos que allí estábamos. Tras despedir a María -que se levanta a las 6,30 cada mañana, por cierto-, me dio tiempo de ver el último deporte de moda en los bares de Nueva York: el "beer-pong", un juego que consiste en tratar de encestar bolas de tenis de mesa en vasos de plástico.


Ahora, sentado en uno de esos cafés con sillas que miran a la calle a través de ventanales, y con el Empire State de fondo, espero a que escampe este día lluvioso y preparo mi marcha al próximo destino: Filadelfia.


P.D. La foto que incluyo en el post está tomada en Newport y es mi favorita de cuantas he hecho hasta ahora.

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